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San Telmo es uno barrio con alma. Uno de los pocos que no se recuesta en grandes monumentos sino que descansa en la exhibición centenaria de casas con casi nula modificación, casas con grandes patios ancestrales acondicionados para la exposición y venta de artículos de antigüedades. Un importantísimo y particular mercado plantado en vetustas edificaciones que armonizan con su mercadería.
Su carácter bohemio agrega, fundamentalmente en la noche, la magia despreocupada y jocosa.
Sus particulares espacios verdes -Parque Lezama para el solaz y Plaza Dorrego devenida en Feria Anticuario-, la atracción diurna.
Como el tango, surge del arrabal, es albergue de sus cantores, y su misma idiosincrasia se manifiesta en el apego a su historia, añosas memorias, la nostalgia de sus faroles en la espera de la cita amorosa y la conquista de los nuevos incondicionales como terminan siéndolo los que pasaron una vez siquiera por ese barrio aprisionado a su pasado.
Es una zona de gran pintoresquismo con color local y energía popular y tanguera.
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