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A los habitantes de la ciudad de Buenos Aires se les llama “porteños” aludiendo a su condición de “hijos del puerto”.
El puerto porteño, el de mayor importancia de toda la Argentina, concentró como tal un singular asentamiento humano, un importante continente de inmigración, un centro comercial y de servicios sin parangón, un asentamiento de la industria que generó una identidad distintiva en los ciudadanos porteños, diferenciada por la pluralidad de incentivos de la de los ciudadanos de otras provincias.
El poder que constituye esta conformación promueve asimismo un crecimiento urbano sin cotejo posible en territorio argentino.
Históricamente, fueron los barrios de Barracas y La Boca centro por excelencia de las incipientes industrias, y sus pobladores -favorecidos por la inmigración fundamentalmente genovesa- constituyeron una pujante colonia de distritos obreros.
Así mismo, la Plaza de Mayo, cercana a la costa, fue emplazamiento medular de los porteños, no solamente como hábitat sino como sede natural del comercio, la religión, la cultura.
En ella asientan hasta en la actualidad la Catedral metropolitana y sincrónicamente, antiquísimas y augustas iglesias, La Casa de Gobierno (Casa Rosada), el distrito financiero representado por la Banca nacional e internacional.
Con idéntico espíritu, la ciudad de Buenos Aires funda sus eminentes instituciones educativas para abastecer de ilustración a un continente de residentes demandantes de progreso, como lo fueran la Universidad Nacional de Buenos Aires, la Biblioteca Nacional, la Universidad Tecnológica Nacional, el Conservatorio Nacional de Música, la Academia Nacional de Bellas Artes, entre otras.
De esta forma se va forjando la idiosincrasia porteña tan dinámicamente como su crecimiento poblacional y la evolución ascendente de la propia ciudad.
Una idiosincrasia inherente a un pueblo orgulloso de sus logros, consciente de su preeminencia, con acceso a la cultura, con ascendiente europeo (fundamentalmente italiano) y fundamentalmente, a instancias de un permanente proyectar la renovación y modernización tendientes a subrayar su hegemonía como principal ciudad de la República Argentina y consolidarse en lugar de privilegio entre las grandes urbes del globo. Un accionar perseverante que es índole medular de la naturaleza del porteño.
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